Medea

"Cuando murió Melina Mercouri murió la verdadera tragedia griega...", así me lo ha dicho la persona que más me ha enseñado de teatro en la vida. Y desde luego, como siempre, qué gran razón tienen los sabios...

Cajón desastre

Bienvenido a un completo cajón desastre, donde todo comienza la manga por el hombro y el ángulo por el triángulo. De fondo el sonido de un gramófono que delira mientras termina un disco rallado y unos cuantos pares de zapatos redecoran una estancia que podría calificarse casi de arte contemporáneo o de vestigios de alguien que padece síndrome de Diógenes, convirtiéndolo en un perfecto juego dadaísta que nadie había calculado en ninguna de las estancias de esa casa victoriana, simplemente se reducía y alcanzaba mayor velocidad bajo las yemas de sus dedos una vez avenida la entrada a su perfecto cajón desastre, siguiéndose de mapas y perdiendo objetos que servían para ver instrumentos puramente humanos y desgraciadamente por (y para) el uso más banal. Las pieles tiradas por los suelos, las miradas tendidas y las pestañas postizas reposando colgadas en lámparas alógenas, alfombras trenzadas, lenguas trenzadas, malicia trenzada… Las experiencias que nunca enseñan sino que hacen tropezar, las zancadillas guardadas bajo la cama y amontonadas con pañuelos y polvo irrisorio, cómics sobre experiencias ajenas, dibujos sobre vivencias propias, discos y millones de folios contando no más que alguna tontería que terminará por tomar relevancia cuando se relegue a papiro, el arte por el arte, el sexo y lo convexo, las cajas de juguetes roja, las pantallas de televisión que te permiten viajar a otros lugares… La casa por el tejado y la puerta por la ventana, la rabia y el desengaño pseudoamoroso. Bienvenido a un completo cajón desastre.´



SCHNECKENTRAUM

El caso es buscar una excusa perfecta y conseguir que no termine en tragedia... Menos mal que la vida real a veces es más bonita...

El vals que conduce a ninguna parte

Han pasado de repente por mi cabeza las notas de ese vals, paseando. Como paseaba aquel violinista por el vagón de un metro de Madrid sin saber que mientras lo tocaba no me importaba perderme, ya encontraría el camino cuando acabase. Y aunque el cuerpo se había convertido en estatua de sal entre una multitud que practica froteurismo se protegía pensando en nada, parecía todo condensado, cada pensamiento, demasiado humano. Y qué más da, si yo sólo sé que no sé nada...



Dibujos

He parado apenas unos segundos para dejar que me embargara. La mirada no tenía otra misión sino perderse en la nada y dejar que los que son claros hagan de las suyas. Los dedos han dibujado la perfecta perspectiva del teclado de un piano para terminar dibujando algo que no se concreta en ninguna historia verdadera. No sabiendo si la conducción sería temeraria o dirigiría a alguna calle sin salida, o si, o no, o tal vez, o quien sabe. O como cuando le mostraba a su hermano pequeño que lo quería sobre y por encima de las preposiciones y le gustaría abrazarlo pero todo gira demasiado deprisa y ya no le quedan fichas de la noria. El volumen ha subido considerablemente entre las vías del tren y la intensidad le acompaña, mientras cada vez más algo le llena el pecho y ni siquiera se sorprende ya cuando mira el reloj y observa la hora. Hablemos de evolución, pues, de metamorfosis, de dialéctica, de mitología. Y que me inventen un cuento para hacerme sonreír unos segundos y que me sienta de nuevo embargada…



Je ne sais pas

Algo de repente me ha hecho saltar de la cama. Una especie de tic tac que ni hace ruido ni marca las horas, simplemente cala hondo. He probado con esos trucos de infancia pero todo fulmina en la vista sobre la consumación de un cigarro entre mis dedos, en mis manos pequeñas, en mis pulmones requemados y una ida constante a mi cajita de recuerdos. La noche ya no es una excusa...