Alguien me ha dicho entre letras y susurros: "cómo te gusta humedecer lo que sientes". Y yo he callado, más bien, que lo que siento ya viene humedecido... Son los pedazos que acaban de terminar por escapar de lo que no existe, con una canción a media tarde que me transporta a aquellas tardes de sol...
Todo me sabe a baile de máscaras, lento y oscuro, mientras rotamos sobre nosotros mismos enfundados en la mentira más bonita, más declive hacia la procreación sublime y los rincones sin luz donde mirarnos de cerca con los ojos cerrados, mientras inhalas mis secretos y me haces creer las cosas que quieres que crea, las que al descubierto quedarían demasiado desnudas como para ser banales, demasiado desnudas de magia… Me siento atrapada en sueños que pasan con los ojos abiertos y, sin embargo, nada me hace dejarme llevar más.
Era pequeña cuando todo comenzó y siquiera me cuestioné qué sería lo mejor o lo peor. Ahora ya da igual, estoy inmersa en un traje hecho de retales de otros que me transportan en una canción que escucho cada vez que termino recitando monólogos. Y eso, que aún no he desatado mi locura…
Sólo sé que quiero hacerte llorar con las cosas que te digo…
Lo que más me ha fascinado siempre de la fotografía es la manera de mirar de los fotógrafos. Es ese algo único y diferente que muestra la manera de mirar, de sentir, de expresarse a través de una caja oscura, llegando muchas veces a crear magia. El otro día mi profesor de fotografía artística, mientras yo engullía algo a trompicones, me dijo que iba a hacernos un regalo, pero yo no imaginé hasta qué punto eso iba a ser cierto. Me comentó de qué iba la sorpresa pero yo no estaba ni cerca de saber hasta qué punto me iban a sorprender y a conseguir erizar las imágenes que iba a ver. No sé cuánto tiempo tuvo que esperar o pagar Robert Hupka, el autor, para que el Vaticano le diera los permisos para tomar estas fotos, sólo sé las sensaciones que me despertó según iba viendo cada una de las tomas, de los planos, de los detalles de sus fotografías. De ese modo diferente de mirar y sobre todo, de transmitir. Porque, maestría a parte de La pietà, algo que podría haber quedado convencional o frío me parece un gran reportaje, milimetrado y desde luego bien aprovechado, para conseguir obtener de una gran obra de arte unas fotografías que hacen que corran escalofríos. Y yo ya me callo, que ya se sabe, una imagen vale más que mil palabras...