Domingo

Sumando son siete. Entre horas (que se hacen días, semanas, consumen estaciones...) vuelan pensamientos pródigos y que podría ser, en breve, toman nombre, forma, color, olor... De mano de los sueños resacosos y miradas fugaces, para poder volver a deslizarse en los domingos con sueños basados en pecados capitales, bares en los que dejar que se peguen las suelas de nuestros zapatos mientras...


Rue de la transfusion de sang

El frío, las ganas de expulsar algo en una especie de bramido (humanamente) animal. Frente a un escaparate de cristal empañado, fuera llueve, el cuerpo ha quedado como un maniquí encharcado. Es una especie de teatro. ¿Dónde ha quedado la infancia? ¿Ha crecido algo más que mi cuerpo? ¿Son los ojos el reflejo del alma? ¿Por qué se enturbian los que siempre han sido claros? ¿Qué es una canción ajena pasada la medianoche?

Por descubrirme esta canción...

Freaks



La "normalidad" es algo que siempre me ha gustado coger con comillas, pinzas, algo que ayude a sostenerlo en un lugar donde poder vapulearlo. Los hay que miran por encima del hombro, desprecian lo diferente, lo imperfecto, lo extravagante, lo que roza el idealismo en cierto modo, según mi criterio. Esas cosas o personas calificadas de freaks que, por raras, en ocasiones se terminan convirtiendo en una extraña belleza. Pero no me hagan caso, que creo que yo también soy un poco Diane Arbus...

The story of the Vivians girls

Desde el día que descubrí de casualidad a Henry Darger no he podido dejar de alucinar con su obra. Algo loco, anti-social y calificado de "artista marginal", sólo se le conoce un amigo y en los últimos años de su vida no salía de su casa más que para asistir a misa o buscar en la basura algo con lo que poder completar sus creaciones.

Su obra, La historia de las niñas Vivian, en lo que se conoce como los Reinos de lo Irreal, sobre la Guerra-Tormenta Glandeco-Angeliniana causada por la rebelión de los Niños Esclavos, consta de 15.154 páginas y fue encontrada por su casero tras su muerte en el apartamento donde vivió más de 40 años, entre restos de periódicos, cómics, retales y más basura de la que se sirvió para crear las acuarelas que ilustran la historia de estas niñas. Acuarelas donde se muestra a las protagonistas en múltiples ocasiones desnudas, con alas o luchando contra soldados armados con bayonetas.
 
Infancia traumática, obsesión por el detalle e incluso algunos apuntan que desconocimiento hacia el cuerpo femenino. Su madre murió tras el nacimiento de su hermana pequeña, a la que nunca conoció. El temor a encontrarla sin saber que era ella le hizo evitar mantener relaciones sexuales, y pintó a las niñas con un pequeño pene, además de calcetines a las que están desnudas.

Evidencias



De repente he caído en la cuenta de que estamos en diciembre, que se fue mi mes de las canciones y que pasó sumido en silencio. Que hace frío, llevo abrigo y gorro, como cuando mis preocupaciones eran ínfimos castillos de arena sobre colchones de barro y mi madre me llevaba al colegio de la mano y volvía a casa dando saltos. Ahora suena algo que me sorprendió al sentirlo vibrar en vivo y me sigue provocando ese tembleque que no sé justificar a terceras personas. Quiero volver a jugar, a nada en concreto, simplemente jugar, pero parece que dicha ocupación me queda grande, como los zapatos que nunca me puse. Y alcanzar ese regalo que está demasiado alto, el libro que no me prestaron o colgarme de las cortinas, coger flores para adornar tu pelo. Y jugar. Y jugar. Y jugar. Y jugar...


La niña más bonita del mundo

Sequía

(...) El horizonte se le pierde en la mirada, la mirada en el horizonte, el horizonte en la noche, la noche en sus ojos, sus ojos contradictorios, contradictorios como son, como el color del cielo diurno a pesar de la oscuridad. Y siente miedo, como el del marinero que se lanza al mar confundido en la voz de la sirena, mientras se ahoga el placer le invade.


Así es su mirada hacia la profundidad del océano, su unión con el cielo, sus manos buscando algo inconcluso entre toneladas de arena salada, en un lugar donde no hay mar, sin embargo la sensación de vértigo es tan intensa como para sentirse en casa a kilómetros de distancia. Pero las cosas no cambian, no cambian, no cambian… El mar no se mueve, el niño sigue sentado en la orilla, Madrid acecha, la sirena calla.