Me he sentado a esperarte en una silla de plástico dentro de la bañera. Me he cubierto de jabón para querer sentir pura mi piel, mientras las gotas cayendo se han convertido en mi banda sonora y mis piernas, en un continuo devaneo, en un acordeón poco afinado. La bombilla tirita y yo cierro los ojos para pensar un poco más, posiblemente en alguien como tú. Las paredes oscuras me hacen soñar, sobre todo desde el día que entré en la bañera y comencé a creer que volverían a mi en un día próximo las cosas que se me escapaban como arena entre las manos, con la sal… Un bonito modo de engañarme entre sueños de jabón, ya sabes. Aparecen nubes, flores de cartón y palabras dibujadas en el vaho. Se pegan en mi piel como se me pegaban unas manos que me tocaban y revolotea la estabilidad reconocida por mis alrededores. Y aborto mis miedos abrazada por un trozo de plástico, un solo instante, cuando un simpático dinosaurio me guiña un ojo desde el lavabo. Yo lo miro tan ensimismada que se aburre de mi y se marcha, desdiciendo cada uno de los parpadeos de mis blanquecinas manos párvulas. Y yo sigo sentada en una silla de plástico, medio descompuesta por los grados y los días, hasta que la nube que me envuelve resuena y…
Motocicletas, otoño, Por ej., vacaciones
(...) y ese etilismo, sin embargo, no es tan malo como piensan nuestros padres. Está escenificado y recalcado en cada señal, pero siempre miramos a otro lugar, como si fuéramos íntimos o tal vez tímidos. Nos confieren la ligereza para llegar a conclusiones adultas y preguntas sumamente coherentes que, tras una risa y alguien hipando, acaba recalando en que tu acompañante tiene razón, no tienes ni puta idea de cómo se guarda el corazón en una jaula. Y me hace risa y vuelvo a recordar la noche en la que quien me nombrara imposible me pidió que le dejara penetrarme. En el cuore. Y volví a reírme. Y fíjate, la otra noche me volvió a sonar todo de nuevo y fui yo la que se dejó follar sin apenas quejarse, conteniendo cada pequeña gota de sexo para no derramar lo estúpido del sentir... Es una mala forma de sobrevivir, ya lo sé, con la distancia a diez escasos centímetros entre dos bocas (...).
Just a little song
Sonaba una canción en altamar. Una canción que me recordaba las noches vagando por calles murcianas, haciendo locuras, corriendo sin motivo alguno y aún menos lógico. Los labios rojos, rallas marineras y lunares ataviando pecho y cuello. Gafas de pasta sobre algún catamarán, distancia, un buzón donde enviar cartas a ninguna parte pero que siempre acaban llegando en alguna botella de cristal a su puerto. Una canción que me recuerda algo tierno, los conciertos improvisados y las caras de sorpresa de mi amigo más pequeño. Sus canciones siempre me han sonado diferentes, sobre todo porque solía ponérmelas cuando comenzaba a morir el sol...
Por las tardes es diferente. Cuando muere la tarde todo es diferente...
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