“Soy un héroe. Ser héroe es fácil si no tienes brazos ni piernas, o eres un héroe o estás muerto (…) Yo soy un héroe. Sencillamente no tengo otro remedio”, decía Rubén Gallego en su libro Blanco sobre negro. Y los héroes hacen arte. Silencio, por favor
“Soy un héroe. Ser héroe es fácil si no tienes brazos ni piernas, o eres un héroe o estás muerto (…) Yo soy un héroe. Sencillamente no tengo otro remedio”, decía Rubén Gallego en su libro Blanco sobre negro. Y los héroes hacen arte. ¿Subes?
"Cuando cumplí 25 años mi padre me regaló un cuadro. Era el cuadro que vestía mi hogar con sonrisas, según decía él siempre. Me dio una nota de mi madre y, dibujándosele una sonrisa con la cara llena de lágrimas me indicó que me sentara a su lado. Ese día mi padre me contó la historia. Su historia. Mi historia.
Comprendí mis orígenes y comprendí, además, que debía usar la mejor gama de tonalidades para mantener el mundo que mi padre había creado para mi.
El día que mi padre cumplió 65 años le hice una pintura. Su mano junto a la mía. Cuando era niña solíamos extender la mano hacia el horizonte desde el balcón, intentando coger las estrellas. No recuerdo una sola noche en mi infancia que no lo hubiese hecho. Comprendí también que, cada vez que me recogía de la alfombra donde yo jugaba y me preguntaba: “¿subes?”, para que me alzase a sus brazos y pudiese llevarme a la cama, me hacía sentir hinchada de cariño, por sus miles de motivos, que nunca, hasta ese día, había comprendido. Yo ahora me quedo aquí. Y tú, ¿subes?".
Comprendí mis orígenes y comprendí, además, que debía usar la mejor gama de tonalidades para mantener el mundo que mi padre había creado para mi.
El día que mi padre cumplió 65 años le hice una pintura. Su mano junto a la mía. Cuando era niña solíamos extender la mano hacia el horizonte desde el balcón, intentando coger las estrellas. No recuerdo una sola noche en mi infancia que no lo hubiese hecho. Comprendí también que, cada vez que me recogía de la alfombra donde yo jugaba y me preguntaba: “¿subes?”, para que me alzase a sus brazos y pudiese llevarme a la cama, me hacía sentir hinchada de cariño, por sus miles de motivos, que nunca, hasta ese día, había comprendido. Yo ahora me quedo aquí. Y tú, ¿subes?".
Miradas por la ventana...
Te descubres mirando por la ventana, como si pudieses adivinar esos pequeños fragmentos que componen el todo, muchas veces nauseabundo, que los mundanos han nombrado como vida. A secas y simplificado lo más complejo que tenemos entre manos, lo que se nos da y se nos quita sin tener en cuenta nuestra opinión. Lo más efímero que ha inventado ese ser extrahumano, extraterrestre, inframundano, desconocido. Y ni un ápice de viento, sólo un puñado de fotografías empolvadas reposando sobre la pared, mirando el tiempo pasar y dejándote caer, como un tic tac, tic tac, cómo tu rostro y tu cuerpo ya no son los mismo que hace unos años, cómo han cambiado tus amigos, el hueco que dejaron los que ya no lo son, cómo eran los que ya no están, cómo son los que veneras. Dejando un hueco al arte y las letras, ya que por algo son como un halo de tu vida. Y otra vez volví a nombrarla. Tranquila, no le gastaré el nombre. Sólo mientras dure esta canción melancólica para ti, que mentalmente es capaz de transportarte a otra época divergente, lo haré. ¿Lo ves? Ya se ha terminado…
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