(Berlín)

Siempre supe de la importancia que tiene la seguridad en cada paso que damos para llegar al destino deseado o menos esperado, el más pequeño, el que da pie a otros miles. La gente, el arte, el amor, el dolor, las risas y las lágrimas son un mero todo en una mezcla nociva que nos conduce hacia ese camino, ese que cuando llegue el momento de estallar y dejar cenizas, nos harán sonreir y pensar en lo dichosos o desgraciados que hemos podido llegar a ser. En lo que nos han hecho. El destino, ese abstracto tan descarriado, me condujo un día hacia una persona que, tras un tupé blanco y una cámara de fotos, acabaría escondiendo a alguien que me enseñaría la importancia de ser, de realizarse, de lo bonito de ser perfectamente imperfectos, de llamarse Gabrielle, de ser un compuesto de miles de cosas y de lo importante que es trabajar para conseguir llegar al fondo de algo tan especial como complicado. Sí, cuando lleguemos a Berlín y desestructuremos la felicidad para completarla, pintemos risas y nos terminemos en algún poso de cerveza de la noche anterior. De lo gracioso de hacer rimas y de sentirse querido mediante la burla ligera, la discusión absurda y el reducido método de saber que ese es nuestro modo de decirnos "te quiero".



1 comentario:

Christian dijo...

La importancia de una noche en la playa.
muchas gracias por todo.
(mi amor te lo mostrare en privado)